22 d’agost del 2026

L'ànima de les paraules

 Sí, és un costum força arrelat. Al carrer, ben segur, però també a la ràdio, a la tele... Per saber si estàs bé de català et pregunten com es diu en català una paraula castellana. Com se diu “desollinador” en català?  I en aquell moment qui se’n recorda. És que no sabem català? Potser és que no sabem prou castellà. Pregunteu-ho a l’inrevés. Com es diu escura-xemeneies en castellà? Ara ho sabeu, és clar. Però si us agafen quan no hi penseu? Fem una prova, un jóc?
Com se diu en castellà “ets un capcigrany”?
Algú  m’ha contestat? Jo no ho he sentit. Anem per altres expressions. Com diríeu en castellà, “que et bombin!!”, o “torre-collons” ?
Sí, heu de dir exactament en castellà “Saps què, ets un torre-collons: que et bombin”, serà complicat.  I ja posats a insultar, com diríeu a un castellà que és un badoc? Un mal parit? Un escanyapobres? Heu contestat? Perfecte. Anem per nota. Ara busquem noms de la botànica. Plantes, per entendre’ns. A veure, noms castellans per dir “pixalits”, “lledoner”, “farigola”, “sajolida”, “tell”, “argelaga”, “ginesta”.
Jo mateix, ja fa temps, vaig haver de fer de testimoni. El funcionari del jutjat, tan amable ell, va necessitar traductor per entendre el meu català tossut. Tot anava bé. Fins que em va preguntar si hi havia algun arbre en un lloc determinat.  I sí, n’hi havia un, un enerme lledoner que ens subministrava lledons quan, de petits jugàvem amb les petadores. Un lledoner. A la sala del jutjat ningú no va saber com es deia lledoner en castellà.
Si totes les paraules i expressions de qualsevol llengua es poden traduir. Però normalment en el procés perden bona part del seu sentit original. Cada llengua és un món cultural.
I amb els animals? A veure. Traduïu “ratpenat”, “esquirol”, “mallerenga”. O “garsa”, que tots hauríeu de saber. Recordeu  Doña Urraca? Doncs això.
No us els traduiré pas tots. Però no us deixo amb el  dubte del lledoner. Ho vaig buscar al diccionari i vaig saber que si fóssim a Castella, hauria hagut de recollir els lledons d’un almez. Sí, almez. Ja m’explicareu si podien funcionar les petadores. I, per cert, com es diu petadora en castellà?


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6 d’agost del 2026

Article recomanat: «Non placet Hispania»

Jose Mari Esparza Zabalegi


No me gusta España, dijo Erasmo de Rotterdam a Cisneros en 1517. Por otros motivos, a mí tampoco me gusta. Salvos sean los muchos españoles que no pudieron elegir dónde nacer y quedaron atrapados en un Estado-Nación insoportable. Los comuneros de Villalar, desde el patíbulo, fueron los primeros en vislumbrar la esencia de la España que se fraguaba. El gran Cervantes ridiculizó para la eternidad aquella hidalguía castellana, que solo en la guerra y en la caza podía tener ocupación. Por eso odiaban tanto la hidalguía universal de los vascos, que se ocuparan en cualquier labor, despreciando los oficios guerreros.

Una hidalguía que expolió medio mundo a punta de espada y fuego inquisidor, para que en España nunca se pusiera el sol aunque sus gentes se murieran de hambre y de ignorancia. Lo dijo Machado: «Castilla miserable / ayer conquistadora / envuelta en tus harapos / desprecias cuanto ignoras». Y Valle Inclán remató la definición de España como tierra de «ladinos, guindillas y fantoches… cuya leyenda negra es su propia historia».

No me gusta su pútrida Monarquía, ni sus reyes bobos, puteros y codiciosos. Y me dan asco los partidos constitucionalistas que siguen protegiendo al rey de los delincuentes, sin duda porque todos son como él. Al menos a los vascos y vascas nos queda el orgullo de haber peleado con todos los medios por una alternativa republicana. «Borbón al paredón», decían antaño.

No me gusta su aristocracia y sus latifundistas, que delatan la falsa revolución liberal española. Tierras de señoritos y golfos que se saben intocables, como bien lo demuestran los 37 años que han gobernado las llamadas izquierdas en Andalucía y Extremadura, repartiendo subsidios en lugar de tierra y aumentando el servilismo. Tampoco me gustan sus banqueros, que destruyeron todo el sistema bancario vasco, las históricas cajas, y que saben que pueden meter la mano y llevarse miles de millones de los fondos comunes sin que nadie les ponga pega alguna.

No me gustan sus gobiernos, sean de derechas o de sus pretendidas izquierdas. Que un ser repugnante como Felipe González, el señor X, sea el referente de la “democracia española”, lo dice todo de esta. Y como muestra de que los vascos somos, no de otro país, sino de otra galaxia, basta comparar los debates en el parlamento español con los de Navarra o Vascongadas. ¿Alguien imagina a Pradales desgañitado, insultando y llamando «hijo de puta» a Otxandiano, o viceversa? ¿Alguien imagina a Mertxe Aizpurua acumulando joyas en su casa? ¿Cuánto duraría Otegi en su cargo si dejara su casa en el casco viejo de Elgoibar y fuera a vivir a un chalet de Neguri, como hizo en Madrid la principal promesa de la izquierda alternativa española?

No me gustan ninguno de los poderes del Estado. Asquea su judicatura prevaricadora, que tan bien retratara el juez Joaquín Navarro. Si un juez como Garzón, con cientos de torturados bajo su mando, es hoy día el referente de la defensa de los derechos humanos, indica que en España ponen zorros a cuidar las gallinas. Y si el juez que vio impasible la cabeza deformada de Unai Romano es hoy día Ministro del Interior, es como para exiliarse de ese país de verdugos.

No me gusta su Guardia Civil, digna sustituta de la Inquisición, quintaesencia de lo español; perseguidora de paisanos desde el día de su fundación. Es un orgullo que todavía sea más fácil encontrar un japonés en sus filas que un vasco, ni siquiera de UPN. Y es que, como decía Lorca, ellos «tienen de plomo las calaveras». Y aquí, por suerte, las tenemos normales.

No me gusta su Ejército, entrenado durante siglos para matar vasconavarros, catalanes, mambises, tagalos y riñenos, y para ahogar en sangre las esperanzas republicanas de su propio pueblo. Me repugna hasta la cabra de la Legión y me enorgullece vivir en Euskal Herria, el pueblo menos militarista de Europa.

No me gusta su Iglesia hipócrita, de gordura mórbida a base de tragar bienes públicos, aunque avergüence hasta la náusea a los verdaderos cristianos. Los obispos españoles no tienen más Dios que el Dinero. A la chita callando, inmatricularon todo el patrimonio vasco y español, a 25 euros cada basílica, amparados en el decreto, casi secreto, de un gobierno del PP que el mismo PP retiró al ver que el escándalo era insostenible. El PSOE llegó al poder prometiendo resolver el entuerto, claramente inconstitucional, pero transó de inmediato, dejando el robo impune. El PSOE, sostén de la España Negra.

No me gusta una España cuyos hijos más preclaros, como José Bergamín, Eva Forest o Alfonso Sastre tuvieran que exiliarse a Euskal Herria y morir, «aquí y ahora, para no darle a mis huesos, tierra española». Como ellos, Cervantes, Valle Inclán, Machado o Lorca, tendrán siempre un sitio en nuestras bibliotecas, como están en nuestros corazones todos los españoles fusilados por oponerse a esta España de trileros, tricornios, trono y altar. Españoles que, quizás en el último momento, se dieron cuenta de que Castelao tenía toda la razón cuando dijo que España no será nunca roja, ni laica y republicana mientras no la rompamos. Lo escuché una vez en un mitin del Sindicato de Obreros del Campo Andaluz, en apoyo del independentismo vasco y catalán: «Cuanto antes sean ustedes libres, antes lo seremos nosotros».

No me gusta su “pan y circo” futbolero, que sirve para olvidar toda la miseria anterior. Sentirse soportado por un oprobio de que todavía debemos llevar en el bolsillo. Non placet Hispania.

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